La displasia de cadera es la enfermedad ortopédica hereditaria más frecuente en perros. Consiste en un desarrollo anormal de la articulación coxofemoral que provoca laxitud articular, degeneración progresiva del cartílago y, con el tiempo, osteoartritis debilitante. Aunque puede afectar a cualquier raza, es especialmente prevalente en razas grandes y gigantes: Pastor Alemán, Labrador, Golden Retriever, Rottweiler y Bernés de la Montaña encabezan las estadísticas.
Causas y factores de riesgo
La displasia de cadera tiene origen multifactorial. La herencia representa el componente más importante, pero el desarrollo del fenotipo depende también de factores ambientales:
- Genética: es la causa principal. La selección de reproductores con caderas certificadas (sistema OFA en EE.UU., BVA/KC en Reino Unido, SV en Alemania) ha reducido su prevalencia en algunas líneas de cría, pero sigue siendo alta.
- Crecimiento acelerado: la sobrealimentación en cachorros de razas grandes promueve un crecimiento rápido que supera la capacidad de desarrollo articular.
- Ejercicio inadecuado: el ejercicio excesivo en cachorros (especialmente superficies duras o subidas de escaleras antes de los 3 meses) aumenta el riesgo.
- Sobrepeso: incrementa la carga mecánica sobre la articulación displásica.
Síntomas según la edad
La displasia puede manifestarse en dos momentos distintos de la vida del perro:
En cachorros (4-12 meses): cojera intermitente del tercio posterior, dificultad para levantarse, reluctancia al ejercicio, "trote de conejo" (ambas patas traseras se mueven juntas al trotar), dolor a la palpación de la cadera.
En adultos y perros mayores: osteoartritis secundaria que provoca cojera crónica, rigidez matutina, reducción progresiva del rango de movimiento, atrofia muscular del cuarto trasero y dolor crónico que afecta a la calidad de vida.
Diagnóstico: radiología como pilar fundamental
El diagnóstico definitivo requiere radiografía de la pelvis en posición ventrodorsal estándar, idealmente bajo sedación para relajar la musculatura y obtener una proyección correcta. Se valoran el ángulo de Norberg, el grado de cobertura de la cabeza femoral por el acetábulo y la presencia de signos degenerativos.
La prueba de PennHIP (Pennsylvania Hip Improvement Program) permite detectar laxitud articular a partir de los 16 semanas de edad y es más sensible que la radiografía estándar para predecir el desarrollo de osteoartritis. Es la técnica de referencia para la selección de reproductores.
Opciones de tratamiento
El tratamiento depende de la edad del perro, la gravedad de la displasia y la presencia o no de osteoartritis establecida:
Tratamiento conservador (médico): adecuado para casos leves-moderados o cuando la cirugía no es viable. Incluye control de peso, fisioterapia y rehabilitación acuática, antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) veterinarios, suplementos de condroitín y glucosamina, y más recientemente, inyecciones de plasma rico en plaquetas (PRP) o células madre mesenquimales con resultados prometedores.
Cirugía preventiva en cachorros:
- Sínfisiodesis púbica juvenil (JPS): intervención mínimamente invasiva antes de los 20 semanas que altera el crecimiento de la pelvis para mejorar la cobertura acetabular. Solo es eficaz en perros jóvenes sin cambios articulares establecidos.
- Triple osteotomía pelviana (TPO/DPO): para perros de 5-10 meses con laxitud articular sin osteoartritis. Reorienta el acetábulo para mejorar la congruencia articular.
Cirugía correctiva en adultos:
- Artroplastia total de cadera (THR): sustitución de la articulación por una prótesis. Proporciona los mejores resultados funcionales a largo plazo en perros de más de 20 kg. La tasa de éxito supera el 95% en centros especializados.
- Excisión de la cabeza y cuello femorales (FHO): alternativa más económica y accessible, especialmente en perros pequeños y medianos. La articulación queda mantenida por músculo y tejido fibroso, con resultados variables.
Prevención y cría responsable
Reducir la prevalencia de la displasia de cadera requiere que los criadores solo reproduzcan perros con caderas certificadas como libres de displasia o con grados leves. Los propietarios de razas predispuestas deben evitar el sobrepeso desde cachorro, limitar el ejercicio de alto impacto antes del año de vida y realizar una radiografía de cribado a los 12-18 meses, incluso en animales sin síntomas.